Para meditar y profundizar la situación política en El Salvador. Esperamos sus comentarios. (ATT. EFAP)
A
grandes rasgos comenzaría diciendo: la
gran tentación de la izquierda es la falta de responsabilidad, mientras que a
la derecha la pierde su avaricia. Tanto la irresponsabilidad de unos
como la codicia de los otros no son reconocidas por ellos.
La
derecha justifica su avaricia con la religión,
falsificando a ésta por completo: a veces hasta da gracias a Dios por el éxito
de sus ambiciones. La izquierda justifica su irresponsabilidad amparándose en
el progreso, hasta llegar a pervertirlo: da por sentado que sólo podrá
criticarla quien sea un retrógrado.
Y
así, mientras una dice
creer en Dios, la otra afirma creer en el progreso, y las dos utilizan
ese objeto de su fe como opio para apaciguar a sus víctimas. Una vive esperando
que sus ideales sociales justifiquen su pereza. La otra espera que su afán de
responsabilidad justifique su avaricia.
La
izquierda desconoce el pecado original; la derecha lo utiliza en provecho
propio. La derecha se cree con derecho a vivir muy
bien expoliando a los demás. La izquierda cree que el derecho a vivir bien
consiste en que se lo den todo hecho.
Por
eso la izquierda quiere un Estado que pague las consecuencias de todas sus
imprevisiones (aborto gratuito, cáncer de pulmón, sida…) aun a costa de
arruinar al erario público; mientras que la derecha se siente llamada a
castigar, ejemplar e inmisericordemente, a todos los que la molestan. Aquella cree que todo vendrá
dado mecánicamente con un cambio de estructuras. Esta se ampara en que lo
importante es cambiar las personas, para negarse a todo cambio estructural.
Ambas
esperan ser justificadas meramente por su militancia (“soy progre y de
izquierdas”, o “soy hombre de bien”) pero ninguna de las dos toma esa
militancia como una exigencia de cambio de vida. La izquierda espera un mañana
que nunca vendrá; la derecha se escuda con esa falsa esperanza de la izquierda
para negarse a construir ningún mañana mejor.
La izquierda es en
teoría universalista, pero su universalismo se reduce muchas veces a proclamar
para los demás lo mismo que busca para sí. La derecha suele ser individualista
y agita sonoros gritos patrióticos: pero su patriotismo se reduce a que la
patria soy o, a lo más, yo y los míos.
Las
izquierdas quieren cambiar el mundo pero creen tener ya la receta para ello y
piensan que Marx y Nietzsche ya estudiaron bastante por todos ellos. Las derechas estudian
más pero sólo para buscar y justificar el máximo beneficio propio…
Cuando
se enfrentan entre sí, la derecha se siente amenazada y suele volverse
increíblemente agresiva. Las izquierdas se sienten superiores y suelen volverse
despectivas. Ambas son intolerantes una con la
otra; pero la derecha suele ser mucho más intolerante. En ambas existen
personas particulares, que son modelos de responsabilidad y de solidaridad.
Pero, por desgracia, son excepciones que no dan color a su facción.
En
una palabra, la izquierda tiende a caer en la ley del mínimo esfuerzo, la
derecha obedece a la ley del máximo interés. Si de aquí se deduce una necesidad
de superar la antítesis derechas-izquierdas, muchos utilizan esa necesidad para
proclamarse “de centro”. Pero, por lo general, el centro suele tener
bastantes de los vicios de las otras dos ramas y pocas de sus virtudes.
O se queda en esa tibieza a la que el libro del Apocalipsis califica de
vomitiva.
En
la historia de la primitiva iglesia, las derechas convertidas del fariseísmo
estuvieron a punto de matar a san Pablo; y éste se cansó de reprender a los
corintios por la irresponsabilidad con que acogían la libertad. En teología, al hablar
de Jesucristo, dicen algunos que la derecha se ampara en la divinidad de Cristo
para negar o escamotear su humanidad, mientras que la izquierda se aferra a la
humanidad de Jesús para negar o alejar su divinidad.
Y
allí es donde se muestra de manera espectacular que los centros suelen tener
los errores tanto de la derecha como de la izquierda: la reflexión sobre
Jesucristo muestra que el
verdadero camino tampoco reside en ese centro que no es ni carne ni pescado,
sino en la totalidad: Dios y hombre a la vez, Dios en su mismo ser
hombre y hombre desde su ser Dios. Responsable y trabajador en la lucha por la
justicia y la igualdad; solidario desde la responsabilidad y el esfuerzo.
No iría mal que todo
eso nos sirviera de modelo.
Publicado en:
http://blogs.periodistadigital.com/miradas-cristianas.php/2012/09/14/izquierdo-derecho-izquierdo-
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